"Quién me mandará..." Es mi frase más repetida en los últimos dos días. Muy pronto entenderéis porqué no dejo de repetirla.
Todo empezó en Nochevieja 2012 cuando, cansada de mi pelo decidí darle un pequeño tijeretazo a las puntas, recto, sencillo y monísimo. Año nuevo, pelo nuevo. Suena bien, ¿verdad?
Todo parecía ir sobre ruedas hasta que hace dos días vi en el espejo que la parte de atrás no estaba tan recta y bien cortada como yo pensaba. Así que, muy optimista yo, le pedí a André que me ayudara un momentito. Sólo tenía que contarme un trocito en la parte de atrás, para dejarlo igualado. No sé cómo fue pero el espíritu de Eduardo Manostijeras se apoderó de él y en un minuto me estaba cortando no sólo la parte de atrás que tenía desigual, sino todo el pelo. Mejor no os cuento el resultado final. Digamos que algo entre Ana Botella y Amelie en sus días malos.
Para arreglarlo un poco me fui a comprar un baño de color al súper, porque además tenía raíces y con ese corte por lo menos tenía que tener el color uniforme. Por supuesto, quedó mucho más oscuro de lo esperado. Os podéis imaginar, mujeres del mundo, cuál fue mi frase: "Quién me mandará...."
Así que tenía que solucionarlo y asumir por fin la idea de ir a una peluquería. No sé porqué me daba un poco de miedo...El pelo de las asiáticas es duro y abundante, todo lo contrario al mío, fino y escaso. Tenía que buscar el mejor dentro de mis posibilidades económicas y sabía de uno que estaba bien y le cortó bien el pelo a una amiga holandesa. Pero, para qué esperar un día más si podía arriesgarlo todo, echarme un "órdago" y entrar en la primera peluquería que vi esta mañana, que me prometía cortarme el pelo por 150 THB (3 euros). Pues sí, el espíritu kamikaze se apoderó de mi y como pude le conté a la peluquería que sólo quería unas capas largas. Ella, muy thai style, me sonreía y afirmaba con su cabeza que me entendía. Tras buscar tijeras aptas para mis cuatro pelos, que parece ser que no encontró, empecé a acojonarme y ella empezó a cortarme muy delicadamente. Le sugerí un par de veces que no me cortara mucho, ya sabéis, pero ella solo sonreía... Y acabé como siempre, con el pelo más corto de lo que quería y con las capas más cutres que me han hecho en mi vida. Puede que la mejor palabra para definir mi look ahora mismo sea "despeluchá". No he llorado pero tengo un cabreo interno que me incita a raparme la cabeza..."Quién me mandará"...
No voy a poner fotos porque ya bastante os estaréis riendo de mi con este post surrelista. Por supuesto, André dice que estoy mucho mejor que con su corte de pelo. Menos mal que el pelo crece (el mio no muy rápido por cierto, para más inri) y algún día podré volver a tener mi melena de siempre, que nunca fue a lo Pantene pero era resultona ella...¿O sucumbiré de nuevo a las manos de Eduardo y acabaré con un corte pixie thai? Lo dicho, quién me mandará...
Moraleja:
- Si os cortáis el pelo y queda bien, no sigas cortándolo.
- Nunca pidáis a vuestro novio que os corte el pelo.
- Nunca vayáis a una peluquera tailandesa.
¿Alguna recomendación?

2 comentarios:
¡Ay, meri! Ya será pa menos.
Creo que raparte no sería una mala opción, te imagino toda mística dando tus clases de pilates toda rapadita a lo monje budista y no me desagrada, eh? ^_^
Muchos besos,
Cris
Fotooooo ya!!! Besos para los dos
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